Me pregunto qué pensarás de mí, amada mía,
cuando en el afán de captar tu atención lejana
enfrento valeroso mis sombras y quimeras,
escribiendo en tu ventana mensajes de amor,
a veces disfrazados de las más tontas trivialidades
y otras tantas de una elocuencia envidiable.
Me pregunto qué sentirás por mí, amada mía.
Será que en algún momento de tu atareado proceder,
se asoma temerosa la ilusión de mi presencia,
despertando en tus fibras más profundas
sensaciones que creías olvidadas y perdidas,
desterradas por la continua algarabía.
Me pregunto si en nuestro trato, distante y cariñoso,
se alcanza a vislumbrar esa chispa mágica y vivaz,
creadora de miles de momentos, tan dulces como amargos,
que se volverán los capítulos sagrados de una historia
cuyas raíces se engendrarán en la frialdad del invierno
y cuyos frutos brotarán con el llegar de las flores coloridas
que adornarán tu cabeza, sin opacar tu hermosura infinita,
y servirán como indudable presagio de una feliz travesía.